
La capacidad de carga humana, se entiende como las máximas de utilización de recursos y generación de residuos que pueden sostener indefinidamente sin deteriorar progresivamente la productividad e integridad funcional de los ecosistemas donde quieran que estén.
Esta definición reitera que independientemente del nivel tecnológico, la humanidad depende de una variedad de bienes y servicios de la naturaleza, y que para la sostenibilidad éstos deben estar disponibles en cantidades cada vez mayores.
Algo fundamental para la economía ecológica es si las existencias de capital natural serán adecuadas para satisfacer las demandas de este siglo. En vez de preguntarnos cuanta población puede mantener sosteniblemente una región, la cuestión sobre la capacidad de carga es ahora: ¿Que superficie de suelo productivo es necesaria para mantener una población determinada indefinidamente, sea donde sea que se encuentre ese suelo?
Muchas formas de ingreso natural -flujos materiales y servicios ambientales- son producidas por los ecosistemas terrestres o acuáticos. Entonces debería ser posible estimar el área de suelo/agua requerida para producir sosteniblemente la cantidad de cualquier recurso o servicio ecológico utilizado por una población definida, con un nivel tecnológico determinado. La suma de éstos cálculos para todas las categorías de consumo, nos daría una estimación del capital requerido por una población, medido por un territorio o área.
Pero detrás de este análisis hay una realidad ecológica que con el siguiente ejercicio mental nos permite comprenderla mejor.
Imaginemos que podría pasar en una región urbana, definida por unas fronteras políticas o por el área de suelo edificado, si quedara encerrada en una esfera de cristal completamente cerrada a flujos materiales. La ciudad dejaría de funcionar y sus habitantes morirían al cabo de unos días. La población y la economía contenidas en la esfera quedarían sin el suministro de recursos vitales y sin los esenciales sumideros de residuos, moriría de hambre y de sofoco al mismo tiempo. Los ecosistemas en ese terrario humano imaginario no tienen suficiente capacidad para soportar la carga ecológica impuesta por la población humana.
Este modelo mental muestra que, como resultado de la alta densidad demográfica, de un enorme incremento del consumo de energía y materia per cápita facilitado y requerido por la tecnología, y de una dependencia universalmente creciente del comercio, "la localización ecológica de los asentamientos humanos ya no coincide con su localización geográfica"
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